Arte #37
- 22 oct 2018
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—¡¿Como que dejaste el baloncesto?!
Esa definitivamente no era la reacción que esperaba, tampoco culpaba que fuera así. Lo cierto es que pensaba sería peor.
Mi madre entendió el motivo sobre la expulsión de tres días, al Acta que tuvo que firmar si se opuso. Pero ya el daño estaba hecho, esa es la razón por la que en ciertos momentos me doy cuenta de mi forma de ser. No lograría explicarlo con certeza, la rabia, enojo, odio. Todas esas sensaciones tan horribles adormecieron mis golpes llevadolos a caer donde pudieran hacer daño.
Creo ciegamente en los términos fugaces, solo fíjense. No los controlas ni los sometes. Ellos te envuelven disparciendote, no pienso volver a dejame llevar.
Cuando volteas a ver ya eres un cristal hecho pedazos, brillas pero de nada sirven rotos tus espejos.
Estaba motivado, el primer día de suspensión me levante temprano.
La señora Jung ya estaba en la cocina, aún así la ayude con el desayune, también le di un abrazo y beso de Buenos días.
—Buenos días Tesoro pero, ¿A que se debe tu sonrisa?
—Incluso es nuevo para mí—fue mi única respuesta. Como si depronto hubiera entrado en una montaña rusa, subía, subía, subía. Desde la antigüedad se ha visto al hombre como algo raro, un experimento. Yo solo puedo encontrarlo en contaste cambio, somos versátiles a lo que nos encontramos en el camino. Nuestras emociones varían como una paleta de colores lista para crear arte. Estas feliz o triste simplemente por que existe.
Recuerdo un libro, como se veía siendo un difunto artefacto de alcance muy poco probable, solo bastaba cerrar los ojos; sentir el aire que llena tus pulmones y encuentras la relajación exacta. Así se encontraba la mañana, era distinta pero agradable.
Puede que muchos quieran arruinarla, eso intentaron con genios locos, pero seguia ganando su verdadero significado, recrear una versión más pura que la actual.
Durante la exposición de un compañero el profesor le preguntó ¿Por que exactamente tenemos clasificaciones para Rosa y azul si juntos creaban un morado de ambos? No supo responder, porque no existe más que en nuestras mentes.
Para la colectiva ciudadanía que rodeaba mi jardín consistia en volverme una sección del marmol tiesa para que fijará en ella un nuevo sentir.
Cápaz y exponían en París mi obra.
Inlcuso ahora tenía una capullo que revestía en seda fina llamada esperanza. Tienes esa predisposición de que las cosas serán mejor; como si de pronto el zafiro de la mañana golpeara tu ventana suavemente, te levantarías de ánimo comenzado el día como si fuera un músical.
He visto muchas películas.
Cuando hubimos desayunado se sentaron las preguntas en la mesa también.
—¿Visitaras a Taehyung?
Podía percibir en su voz cierto la tristeza, deje a media camino la cucharada de arroz que llevaba a mi boca.
—Si.—disimule la primicia de que ahora nos enfrentamos a un reto mayor. La inequívoca espera de no saber si mañana podría aumentar su nivel de azúcar o llegaría a un nivel donde se consumiria su propio cuerpo por el hambre—; ¿Quieres decirle algo?
Ella asintió levantándose de la mesa, trajo consigo un sobre blanco. Mire con curiosidad el objeto sobre la mesa, preferí no preguntar ya que parecía personal.
—Es un contrato, —Habló despejando mi curiosidad, ve vio fijando la mirada varias veces al papel— traerá una nueva cara a la historia, no es definitivo, después de todo la mamá de tu amigo es mi mejor amiga, pienso ayudarla un poco. Como experta en haciendas se le permitiría costear un sector lleno de casa que cuando ella venda se dará el lujo de poder guardar el dinero para si misma.
La córnea de sus ojos suavisaron la mirada cuando se refirió a la señora Kim en un trato más personal. Cuando en las reuniones interactuamos siempre se saludan formalmente, a la hora de la comida tampoco intenta algún tipo de movimiento si al final de la acción deben relacionarse o el resultado será estar juntas.
Todo lo contrario a Tae y yo, perpetuamente buscamos la forma de quedar en todo momento. Suspiro al concuirlo.
Por el momento Tae tiene 12 y yo 13, si. Soy un niño, pero algún día las preocupaciones de los adultos llegaran como un huracán a mi vida. Arrasando con mis horas extra de juego al escondite, sueño o Boxeo en la Play.
Dispongo mis horas de meditación para razonar en lo diferente que fue la vida cuando el simple hecho de tener teléfono era algo impensable. Se de él gustó por la literatura de mi amigo y declaró la guerra a como serían esas mismas novelas pero con la implementación de un mensaje.
"Romeo y Julieta" "Caperucita roja" "Penélope y Ulises" "Pinocho" Un clásico arruinado porque ya la distancia no se interpondria dado lugar al verdadero significado (Símbolo) de su desarrollo.
Se forma un silencio denso en medio. Al terminar de comer decido lavarlos.
—Gracias —reconoce mientras yo limpio el mantel que existe desde que tenía 5 años, los ojos del carro (Rayo McQueen) me regresan la mirada aún Felices como la primera vez.
—Ma, ¿No crees que deberías retirarlo? —señalo el auto de carreras.
—No.—Deja claro insistiendo que vaya hacer lo que propuse, aun así tengo curiosidad.—; ¿Por que?
—Se ve adorable —Es su única respuesta, se dirigue a la Sala y un segundo después escucho el sonido del noticiero de la 1: 00 Pm.
Quede de verme con Tae cuando terminara de ayudar a mi madre con un encargo que debe hacer para una consulta con el dentista. No es cierto pero quería darle la sorpresa.
Llegó a las 2:30 pm.
El ambiente es igual que todo los días; simplemente a nadie le gusta aquí. Por eso es deprimente. Hasta que te dirigues al corazón del sanatorio encontrando una hermosa vista. Niños y niñas saltando, no hay muchos de nuestra edad, solo son bebés.
Al verlo tan pequeños me entran ganas de llorar. Nadie escoge el destinó ni apunta en una libreta de oro como debe vivir el resto de su inquilinato en la tierra.
Todos son colores vivos hasta que el cielo se vuelve gris. Siendo rehenes de ver pasar personas de papel que están dentro de su mundo y ni siquiera vuelven la vista.
Suspiro alejando esa cruel realidad, junto a hechos históricos; esperas vacías, así se diseñaron los arcoiris, mi nombre no reduce nada en este lugar, solo vengo a vengo a compartir un pesar que es mejor ser llevado entre dos. Una pieza mínima tal vez haga la diferencia.
Mis pies quieren seguir. Retengo su impuslo y decido entrar por un momento.
El césped tan verde dan ganas de lanzarse para disfrutar de su suavidad. Me quito los zapatos dejando un rastro de manchas en los calcetines, son blancos para complementar. Pero los dejaré en remojo para que la tinta salga.
—Preguntale si quiere pintar —escuchó murmurar unas vocecitas dentro de una casa de princesas. Al poco tiempo una melena café con dos colas a ambos lados de la cabeza se asoma.
Debe tener unos 4 años, trae puesta una falda azul y una camisa de flores.
—Oye chico de cabello naranja.
Me dio unos toques suaves en el brazo más cerca a la ventana de su guardería.
—¿Si?
Ella sacó del Interior una pagina blanca, petalos de los árboles que cortan. Al verla con detenimiento vislumbre una abeja Posada en una flor dibujada solo los alrededores. Lista para pintar. También saco una caja de colores.
—Mi amiga pregunta si quieres pintar —. Aclaro la interrupción a mis momentos de paz con el césped señalando a una niña con vestido azul pastel que me mira desde el resguardo de las paredes Rosa Chillón.
Las pequeñas esperan mi respuesta así que aceptó. La cuestión era meterme en la pequeña casa.
—Pero no creo caber dentro —replique midiendo con ambas Palmas la altura del lugar y la mía al mismo tiempo.
—Por eso no hay problema —Comentó la niña del vestido azul pastel, ambas chiquillas salieron de su morada, levantaron el techo colocándolo a un lado. Me di cuenta de lo que querían hacer así que las ayude; entre los tres colocamos un poco de fuerza en los soportes de plástico que sostenían la cabecera, cedieron alzándose hasta alcanzar una altura ideal si yo me sentaba. Volvimos a colocar el techo y estaba listo.
—Ahora si cabra tu peculiar cabello—manifesto la niña de falda azul y flores mientras se sacudía las manos como queriendo apartar el polvo.
Parecían dos señoras muy refunfuñonas, entre a un espacio pequeño pero bastante alto para que no sufriera algún golpe en mi frente o peor.
—Corrige tu postura,—empezaron— a la hora de colorear no choques los codo con tu siguiente o podrías lastimaron, también no hagas mucha basura cuando quieras sacarle punta a un color desgastado. Aquí tenemos una bolsa para después botar.
Sonreí para mis adentros asintiendo a todo lo que pedían. Hice mi mejor esfuerzo. Pero aún así me regañaron contadas veces que las nombrara bastaría con que pase la noche a su lado.
—Te esta quedando muy bonito—. Admiró Cristy (La niña de vestido azul pastel)
—Si, concuerdo contigo—. Añadió Boon Nandy (La niña de falda azul y flores)
Lo que había hecho fue dibujar por mi propia cuenta, decidi recrear la escena que tenía frente a mí, no la de mis anfitrionas, sino una que intuía tener después, acababa de dar los últimos trazos cuando Boon me interrumpió.
—Debes colorear un lago—ordenó pasándome un paisaje, cuando iba a tomar el color amarillo volvió.
—No. No. No. Usa el café.
Ella mismo lo coloco entre mis dedos. Así que café será.
Después de media hora todos mostramos los dibujos que habíamos pintado.
—¡Cristy! —llegó ante nosotros unos pasos llamando a la pequeña de vestido azul pastel.
—Es mi mamá —intervino antes de que le preguntara.
Salí primero para que ellas lograran responder al llamado de sus madres, las señoras estaban fuera del césped buscandolas con la mirada. Al verlas le hicieron señas a una joven que estaba en la caja de arena hablando con unos niños, quienes trataban de costruir un castillo con botellas de agua.
Al oír las señales y ver hacia donde estábamos pude detallarla, tenía unos 13 años, llevaba puesto un Jean azul oscuro y blusa a cuadros blanco con negro. Traía puesto sobre las fosas nasales un tubo.
Debe ser de oxígeno. Se esroscaba en el bolso que llevaba alrededor de su cintura.
Estaba inclinada, así que regresó a una posición recta comenzado a caminar donde permaneciamos parados.
—Vamos Cristy.
Se refirió a una niña que ganandole a la luz se aferró a mi mano izquierda.
—Te presento a mi nuevo amigo—respondió moviendo nuestras manos juntas hacia adelante golpeando a la joven en una pierna. —Se llama.... —intentó presentarnos pero no se sabía mi nombre.
—Jung Ho-Seok—la ayude —; mucho gustó.
—Soy Ray Allen Ginsberg —Concluyó— y es un gusto igualmente —añadió con una risa nerviosa, se dio cuenta del dibujo color café que sostenía en la mano.
—Mi Prima debió pedirte que lo usaras—señalo el lago.
Asentí mostrando los dientes.
—También le enseñe modales —interrumpió Cristy nuestro crucé de miradas. Ray acaricio su cabello pidiéndole que alcanzará a su madre, la señora ya estaba mirando los dibujos de Boon.
—Lamento si te hicieron pasar un mal momento, suelen ser como unas viejitas mandonas cuando se trata de colorear sus dibujos —se disculpó cuando se hubo ido su hermana menor.
—No hay cuidado, la verdad es que me la pase bien a su lado, reconozco que son regañonas pero regió mi postura y etiquetas a la hora de pintar, así que todo bien. —reste importancia al ver como había quedado el agua azul ahora pintada con nuevos aires.
—¿Vienes a visitar a alguien? —preguntó de repente recogiendose un mechon de pelo rebelde detrás de la oreja.
—Si, vine a ver un amigo que... —recordé a Tae y lo tarde que se había hecho—... Oh no, quede temprano.
—Esta bien, fue un justo verte, adios Ho-Seok—Hizó un gesto con las manos.
Retomó camino hacia su familia que la esperaba. Copie sus movimientos haciendo lo mismo yendo en sentido contrario.
Puedo entregarle el dibujo como un regalo de disculpa ¿Cierto?
Después de todo el dibujo es sobre él.










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