Muñecos de plastilina #55
- Mellower Fanatic

- 22 dic 2018
- 15 Min. de lectura
Dedicado a @taekookonelove

Dos chicos bajo un mismo techo pero queriendo no verse es lo que presenciamos al verlos queriendo hablarse pero con temor de ser rechazados. No siempre nos dejamos llevar por los impulsos o mucho menos detenemos de forma imprevista esos tsunamis que nos arrastran por todo el pasado e interrumpen nuestro presente.
El movimiento de las placas tectónicas internas que almacenamos; un día cualquiera se rozan de más explotando como los volcanes hacen esparciendo su lava ardiente despedazando todo lo que encuentran.
Es una falla; por mucho que lo ocultemos es el infierno perfecto.
Taehyung esta en la Sala de la casa pensando, recuerda todo lo que hizo para buscar a quién acaba de salir corriendo e hizo rechinar con fuerza la puerta de su alcoba en un estruendoso "Olvidalo", busca una forma aceptable de poderle contarle a Jeon lo que necesita saber, de como su vida misma esta en juego y no le queda mucho tiempo para al fin obtener los frutos de su siembra.
El reloj corre para ambos, aunque sólo uno de ellos parece preocupado por la rapidez con que caen los granos de arena dentro del pequeño cilindro.
Debía contarle sobre Ji-Min, unos cuantos instantes anteriores, después de comprar la comida; en forma peculiar lo vio correr en sentido contrario del camino que guiaba a su casa.
Detuvo el auto bajando la ventanilla del copiloto para hablarle.
—¡Jimin! — dijo su nombre obteniendo que el nombrado lo mirara sorprendido, tenía una mirada firme en el rostro; pero tras verlo se suavizó; dejó su actual dirección acercándose.
—Hola Tae— hizó una reverencia.
—Deja de hacer eso, somos amigos—, le reclamó sonriendo.
—Sí, tienes razón— acordó haciendo lo mismo.
—¿Que haces aquí?— quiso saber apagando el motor, le pidió entrar al vehículo para escucharlo más apropiadamente.
—Vine a verlo —, fue su respuesta tras titubear unos segundo en si era correcto contárselo, conocía el tipo de cariño que le tenía Kim a Jeon; aparte ellos habían compartido una relación y el espacio se volvía tenso cada que era mencionado.
El dueño del auto dejó de lado la sonrisa.
—Ah.— contestó.
—Quería hablar con él—; Tras verlo aún en silencio siguió explicándole— No es justo para nadie verlo tan despistado luego de haber salido de la clínica.
—¿A que te refieres? — interrumpió con recelo.
—¿Lo estas diciendo enserio? —alzó la voz.
Tae apretó los labios.
—El pobre tiene heridas en todo el cuerpo—, volvió a exclamar casi al borde de los gritos.
—Era por su recuperación, el doctor me lo dijo.
—¿Y si lo hubieran matado?
—No seas exagerado.
—¡Lo soy! — hizo erupción— soy exagerado por creer que ninguno de nosotros merece esto, en un principio todos fracasamos pero no quería que él también se sintiera inútil, soy exagerado por que el nos ayudó a los dos y-y-y — tartamudeo— ahora vienés a decirme, ¿Que pudo haber muerto? Sinceramente no hubiera podido soportarlo. ¿Tu sí? — dijo acusadoramente— Yo lo amaba, ¡fuí cobarde en no llevar con orgullo la frente en alto y haber ocultado lo mucho que nuestras manos anhelaban estar sujetas siempre! pero nunca dejaría que algo malo le pasará. Cada día pienso en como las cosas hubieran sido diferentes si yo... Nunca fuera desaparecido.
Los dos chicos permanecieron dentro del auto sin emitir sonido alguno.
—Yo... Perdoname, no quería gritar— rompió el hielo.
—Esta bién— puso las palmas abiertas sobre el volante.
—Solo que, no tiene relación contigo, vine a explicarle lo sucedido con Cristy. — Tae se volvió para verlo con curiosidad.
—¿No lo sabe?
Jimin negó con la cabeza.
—El se sintió abandono luego de haberlo dejado en ese hospital y salir huyendo, tenía derecho en saber sobre mi familia, sobre: Ray, Mamá, Yoongi... Cristy.
—¿Mi hermano también?— manifestó girando todo su cuerpo.
—No es lo que piensas,— nego rápidamente—; ¿Recuerdas la vez donde nos encontramos en el centro comercial?
—¡Ah! Sí, Estaban sujetos de la mano y luego de irse Jungkook tuvo un ataque respiratorio.
—¡¿Enserio?! ¿Por que no dijiste nada? Solo permanesiste como estatua aún conociendonos.— Tae se encogió de hombros — Bueno el caso es que, debieron haber creído sobre alguna relación entre nosotros ¿Verdad?
— Sí
—Eso pense, la cierto era que estaba ayudándole a Yoongi para animarlo un poco, luego de haberte ido para Seúl se puso muy mál; Ray me llamó y tuvimos la idea de traerlo unos días... Fue entonces cuando nos vieron, tal vez si hubieras visto a Ray las cosas no fueran tan complicadas, se quedó en el baño—. Concluyó sobandosea cabeza de forma distractoria.
—No dije nada respetando a Jeon, se veía muy alterado y si le decía que te conocía, no hubiera ayudado mucho.
—Puede ser, pero algún día deberás decirle.
—Pienso en eso siempre, ¿Y si no se lo toma bién?
—No lo sabrás hasta hacerlo.
Jungkook se encerró en su cuarto después de cenar y haber recibido la visita de su Ex novio, en los bolsillos trasero del pantalón guarda una foto donde ambos estaban juntos, un recuerdo de cuando sus días eran felices. Solo importaba el bienestar del otro o esa era la idea que tenía de una relación.
En la parte inferior escrito con marcador permanente como respuesta decía: "Siempre estuve" Luego de haberle reclamo su falta a la promesa de permanecer juntos.
Sabemos que si fue real. Antes incluso de haberse encontrado a Taehyung, lo observaba, y mientras estuvo hospitalizado iba a visitarlo. Pero nunca lo supo, cada que abría sus ojos estába Tae sentado a ún lado de su cabecera leyendo o justo llegaba con comida gelatinosa para ayudarlo a recuperar fuerzas.
—Aquí hay sopa de fideos con fruta— recetaba el menú preparando para abrir la boca.
El le daba cucharadas ya que aún se sentía débil como para hacerlo por si mismo, se sorprendió al saborear el líquido y sentir un sabor diferente, sabía Rico.
—La comida del Hospital no sabe tan bien, pero acorde con el Doctor poder traerte desde la casa, con tal de que sean las mismas recetas era la condición. Aunque sabemos entre nos que sabe mejor.
Observe su perfil tranquilo.
—Solo debo calentarlas en el microondas del lugar para así no dartelas ya precosidas.
Había sido atendido de más gracias a su preocupación por recuperarse.
Siguió comiendo con gusto luego de saberlo.
Tenía buen sazón en la cocina.
En tanto un año entero permaneció encerrado en un psiquiátrico, pensó de nuevo acompaño por el silencio de sus viejos libros y ropa multicolor que nunca estreno; en Charlie Sheen.
Su amigo.
Justo en el momento en que pensaba decirle la gran noticia, la fotografía se hizo pesada mientras estaba guardada provocando que lo pensara mas de dos veces antes de abrir la boca, me levante del lugar tras entender que no había nada que compartir y solo me deje caer en el colchón luego de subir las escaleras sintiendo de igual forma todos los golpes que recibí estando interno, ya casi habían desaparecido, ¿Por que aún se manifestaban siendo ya hace un par de años que marcaron mi piel? todo estaba olvidado, nunca pensé comentarle a mi deudor el trato que recibí, todos decían que era para mi recuperación, e incluso después de repetirlo terminé creyéndolo.
Me acerqué despacio a la ropa colgada en mi armario nuevo, todo lo era, cuando llegue parecía que la casa ya estaba habitada.
—Ya puedes irte—, informó un Guardia con semblante inexpresivo de pie a la habitación.
Charlie se levantó pero de nuevo el hombre habló.
—Tú no, el otro chico—, me señalo.
Charls siguió con la mirada el dedo acusador del hombre de chocolate alzando las cejas cuando me vio igual de asombrado. — En señor Kim Taehyung está esperándolo —; añadio para luego irse.
Me mantuve callado asimilando sus palabras, corrí hacía la salida siendo seguido por mi amigo.
—Wow calma —. Cruzabamos los pasillos acercándonos a la gran reja.
Una vez ahí pude verlo.
Tenía las manos en los bolsillos delanteros de un pantalón oscuro un poco rasgado, llevaba una camiseta de cuadros Roja con unas gafas delgadas cuadradas y una sonrisa reluciente; a su lado caminaba cogida de uno de sus brazos una mujer pasará pequeña con un Jean y botas de invierno en sus pies junto a una blusa púrpura, también sonreía delineando unas finas arrujas cerca a los ojos.
Me contuve de salir corriendo para abrazarla, una imagen de mi madre llegó, mire el cielo pensado en como siempre estaba dispuesta a bailar con cada soneto.
Me despedí viéndome salir por donde tantas veces ideaba planes estafados de escape, los cuáles terminaban en desastres que involucraban golpes como castigo por parte del directorio acargo.
Si bien siempre deseaban atravesar ese muro; ahora sentía que mis zapatos se atascaban con cada paso, me volví hasta Sheen.
—Charlie Brown— lo abracé llamando igual que su madre adoptiva Bom Bom ganadome una risa nerviosa.
—Nos veremos luego—.
Decir adiós era muy cruel para los dos, tuvimos una amistad corta pero firme, sabíamos que vernos luego era tan incierto como los Oasis.
—Nunca te olvidaré Charls.
—Ni yo a tí Chico.
Al final toda membrecía llegó, entendí de donde conocía a esta persona, el porque de haberme ayudado, no fue por pesar, desde antes que la tierra se formara había puesto su mirada en mí.
Sonreí soñadoramente recordando los momentos donde cuando tocaba el piano en cada presentación me sentía observado más de lo normal.
Es cierto que todo el auditorio prestaba atención en las melodía que ejecutaban mis dedos, pero alguien en particular no veía al instrumento.
Luego de la ovación de aplausos por el rabillo del ojo, solo unos minutos robados cuando todos comanzaban a salir del Teatro veía un gorro de lana tejido moverse entre la multitud.
Siempre en cada oportunidad repetía el simulacro dándome cuenta de que era ese personaje quién me hacia sentir nervioso aún cuando había ensayado toda la noche anterior.
Luego, en la firma de autógrafos, pude verlo de cerca, no sólo era espiado, conectamos esos segundos ajenos mirandonos finalmente.
Supe luego de ver su espalda desaparecer, que logramos entender esa conexión referencial.
Tuve una idea para dejar pasar el mal sabor de boca que me dejó en la lengua tras haberme levantado sin decir nada más que unas sílabas.
Me levante del colchón cubierto por un edredón de estrellas dirigiéndome hasta la alcoba de mi compañero en puntillas, me asome por el barandal viéndolo sentado en un sillón mirando el suelo con una mejilla apoyada en una de las manos.
Por unos isntantes fugaces me quedé admirandolo, quizás no debería comprar con el después de todo lo hecho hacía mí por su simple interés personal.
Negué la cabeza varias veces siguiendo con el plan.
Tras entra pude ver en uno de sus escritorios unas figuras y un libro de cuentos, lo había visto en varias oportunidades leyendolo.
Las figuras de plástico se parecían a unos personajes singulares que aparecieron en la televisión una tarde.
Me las lleve sin permiso desplazandome rápido por el corredor.
En forma de indio me acomode usando mis dos manos para cada figuras y empezar a jugar como niño pequeño.
Mi teléfono vibró cuando me disponía a imitar las voces de la serie asustandome por lo perdido que me encontraba nadando en un mar de recuerdos buscando episodios completos, dejaron de pasarlos en el canal de niños igual que todo cuando se hace viejo.
Desbloquee la pantalla viendo el identificador.
"Sujeto extraño"
Cuando me dio su número así fue como quedó grabado.
Di click en su nombre.
"¿Quieres bajar? Necesitamos hablar"
Lo pensé un momento, luego teclee la respuesta.
"Ahora no, estoy cansado"
"Comprendo, buenas noches"
"Buenas noches"
Un poco de culpa apareció, más la ahuyente, tenía cosas en que pensar aparte de otras cosas, seguro el también tenía su historia.
Me coloque los auriculares rojos buscando episodios que imitar.
—Soy el capitán Kim Jong-un—, moví el muñeco en mi mano derecha que tenía un sombrero de astronauta en la cabeza y un traje similar solo que en lugar de oxígeno en su espalda tenía un contenedor con lo que sería el espécimen que salvaría el mundo.
—Necesitamos ir al centro de mando inmediatamente—; está vez fué un hombre con aspecto de extraterrestre el que hablaba, tenía antenas pero también orejas normales, sobre su cuerpo tenía una vestimenta de un chaleco color púrpura con azul celeste acompaño de unas botas color café y una pulsera amarilla.
—La nave podría colisionar Terrens Yink, sigamos al portar, debemos estalibilizar el nuevo portar —. Habló el capitán, moví las figuras de barro fundidas por los Exteriores del colchón imaginando las cuevas del programa.
Hice un puchero comenzando a temblarme el labio inferior.
Podríamos en estos instantes ser igual de pequeños, una simples mezcla para luego ser fundida.
Muñecos de plastilina, barro, Arcilla, plástico.
¿Y si alguién más, justo como ahora, nos está manipulando a su antojo?
No es como si pudiera saberlo a simple vista, quizás solo somos un experimento más como lo del capitán Kim Jong-un, y hemos llegado a un planeta inhabitado solo por diversión.
Todos nuestros recuerdos podían ser los de otros seres a quienes les hemos robado el rostro.
—Deja de pensar cosas sin sentido capitán, vamos a la apertura —, fingo que me regaña el extrarrestre.
Veo hacía la puerta cerrada pensando en el sujeto que está unos cuantos metros de distancia seguramente haciendo lo mismo.
Suspiro poniendo atención en la ropa de colores, ni siquiera he sido yo quién la acomodo en los ganchos, tras haber tenido ese ataque respiratorio; regresamos pero deje las bolsas en la entrada sin intenciones de siquiera verlas otra vez.
Seguí usando mis pálidos colores de prensas que el detestaba pero no recibió reprimenda alguna, también dejó de lado el tema entendiendo que ese encuentro no fue amistoso para mí.
En tanto preparaba café lo ví subir las escaleras del segundo piso, cuando nos fuimos a dormir note que ya las bolsas habían desaparecido.
Abrí el clóset encontrando todo organizado.
—Ay Tae —. Exclame poniéndome solo una pantaloneta para caer profundamente en brazos de Morfeo.
Solo en mi mente lo llamaba de esa forma, las pocas veces me sentía incómodo pues seguía sin recordarlo, ahora que se de donde nos conocemos, ¿deberia hacerlo?
Me acercó a una camiseta azul oscuro con rayas blancas que tiene el nombre de una banda reconocida, esa la escogió él a mis espaldas, lo sé por que es justo la que escucha todo el tiempo. Suelto las figuras deshaciendome también de los audífonos para tomarla entre los dedos pasando la seda por mis yemas notando su suavidad.
Solté una carcajada quitándome el camibuso negro para ponerme esa elección alegre.
Desde ese día tras saltar es la primera vez que uso algo con color.
Veo los reflejos en el espejo notando lo pálido que estoy, es casi como se hubiera escapado dejando una calavera en su lugar.
—Pues ya que—. Lamento dispuesto a quedarmela el resto de la noche, abro el cuento de Tae.
—Somos brujos, Un título peculiar, ¿Seguro es para niño? — veo la portada dándole vuelta para leer su cortometraje. Un pincel de madera esta dibujado por toda la cubierta dejando manchas de color.
—"Puedo imaginar ser una princesa, puedo dejar mi gorro puntiagudo para usar una corona, pero mi madre dice que no es mi destino. Salto por la Rayuela del Colegio para brujitas soñando despierta en que puedo cambiar ese pegarmiño que imprieron cuando nací diciendo todo lo contrario".— leo y asiento cautivado.
—Estamos igual pequeña— murmuro regresando al inicio para leerlo todo.
"El sol sale de nuevo acompañado de un dulce beso en la frente.
—Despierta, es hora de ir a la escuela—. Me estiro sobre las sabanas levantándome aún con los ojos somnolientos.
—Buenos días mamá— la saludo colocándome mis gafas que descansa encima de la mesa de noche.
No puedo ver sin ellas, hace que mis ojos se vean grandes y por lo tanto me moslesten mucho cuando voy a clases con ellas, pero no tengo opción, solo hago oídos sordos pasando de largo. Soy diferente, o eso me dicen todo el tiempo, apesar de llamarme Rocío los niños me dicen "Cuatro ojos".
Bajo a desayunar luego de lavarme la cara y ponerme mi uniforme con un sombrero en punta que distingue lo que soy. Vivimos en el Reino de Monstruos, quienes nacen con el don real están en el Reino de Hadas.
El mundo se divide así para dejaron en claro a donde pertencemos, quisiera haber nacido siendo princesa, odio ver como todo me señalan cuando voy caminando por la calle, ni siquiera soy buena siendo bruja. Fallo en lo único que tengo.
—Buenos días mi bella brujita — saluda mi padre poniendo en un plato huevo fritos, le doy un beso en la mejilla sentandome para desayunar.
—¿Lista para tu prueba de magia? — se sientan para acompañarme.
—Eso creo — balbuceo comiendo, el día de hoy frente a majos, brujos y hechiceros del mundo entero tendré que hacer una prueba importante donde rendirán mi cargo dentro de la sociedad, me dirán si seré como ellos o simplemente tendré un rendimiento bajo como ser curandero, profesor. Etc.
No estoy ajusto con la magia, puede ser peligrosa si no la usas con sabiduría, en ocasiones he causado accidentes y temo fallar en esta importante sección.
—Ello lo hará excelente.
Mi padre es un famoso mago. Le sirve al rey ayudando con el bienestar del Reino, mantiene a salvo una especie de escudo que cubre una parte del lugar llamado Oscuros.
Es un sector totalmente lleno de demonios y otro tipo de bestias infernales.
Suelo pasar a su lado cuando voy camino a al escuela, y me da escalofríos, mi vara tintinea advirtiendo que estoy nerviosa.
—Te deseo suerte —, dice para luego irse a su trabajo en el castillo, lo veo alejarse juntando las cejas pensando en como sería ese lugar tan hermoso y mágico.
—Rocío— pasa su mano por mi cara.
—¿Si?
—Alistate o sino se te hará tarde.
Veo el reloj y solo faltan unos minutos para que suene la campana.
—Uy.
Corro al cuarto de baño cepillandome los dientes, me despido trotando por el camino parecido al que fue Caperucita para visitar a su abuela.
—¡Mucha suerte! — grita.
—¡Gracias! — contestó desapareciendo entre la maleza.
—Los niños pueden ser crueles — pienso pasando de página, veo los dibujos en la parte inferior notando los detalles, ahí está Rocío con su sombrero y las divisiones del Reino.
El teléfono vuelve a vibrar.
Sujeto extraño mando un mensaje.
¿Ya estas dormido?
Bloqueo la pantalla sin responder.
—¿Has pensando en lo tonto que te estas comportando Jungkook? —emito un sonido de frustración dejando caer mi cara en la tela soltando el cuento.
Lo gracioso de todo fue cuando me recogió en la clínica acompañado de una mujer.
Inspiraba ternura igual que mi madre.
Las cosas con Charlie fueron pasado, entendía su desconfianza, desde muy joven recibido rechazo y lo señalaron como responsable del accidente que sufrieron sus padres acopañados del hermano menor, solo por ser el único sobreviviente, regrese a la habitación pero no lo hallé; desistí de buscarlo a la fuerza, si el quería estar solo entonces debía darle espacio.
Me quedé en el jardín mirando las flores un poco marchitas del crudo invierno, para que sobrevivan deben estar en un resguardo, el granizo y nieve caían sobre sus pétalos e igual al ácido quemaban sus hermosos colores.
Me dedique a arrancar como mal jardinero las pocas muestras de césped que aún se lograban ver, como la hierba mala seguía saliendo muy a pesar del clima ordenarle con voz de trueno "Ya no florezcas" Con una mano en la mejilla conte los mechones verdes del suelo que dejaba caer luego de hacerle expirar las raíces cuando salía al aire.
Esa mañana había despertado con un aire fresco en la cabeza, esa sensación desierta durante todo el año casi desapareció por completo, bastante extraño para mi parecer, toqueteé mi cuero cabelludo sintiendo un trazo.
Casi como un cordel cosido cruzaba la coronilla hasta llegar a la nuca.
No me sentí alarmado, decidí dejar de molestarlo.
—Seguro son puntadas— Balbuceé recordando la voz de Charlie.
"—Caíste recibiendo el golpe de por lo menos 100 escalones"
Nadie se resbala por una escalera sin recibir consecuencias en su cuerpo, tambien me dijo que unas cuantas costillas acabaron rotas.
Alce unos centímetros el buso con capucha notando una larga extensión de gasa por todo el costado derecho, seguro debajo habían más puntadas.
Lance un resoplido formando una nube tras mezclarse mi aliento caliente y el frío del exterior sintiendo incómodidad en un extremo del labio inferior, tras relamerlo note un ardor.
También estaría herido.
Cubrí mis manos en los bolsillo del traje para resguardarlas ya que comenzaban a congelarse.
Regrese al cuarto notando como se drenaba la temperatura de la atmósfera haciéndola más fría, mis dientes castañearon pasando la corriente como cables sincronizados a mis piernas tambaleándose.
—Que horrible frío—, comenté viendo a los demás retirándose del pasillo.
Luego de entrar ví a Charlie sentado con la cabeza baja mirando una pulsera color verde entre sus manos.
Alzó la cabeza tras verme haciéndose a un lado para acompañarlo, cerré con cuidado poniendo seguro haciéndole caso.
—Está pulsera pertenece a mi hermano—. Habló alzandola para poder verla con mayor acceso— Se la quité antes de ver como llegaba la ambulancia y se lo llevaba.
—¿Tu también estuviste en el accidente?
—No de la forma que estas pensando..., yo llame a la ambulancia.
Me lleve ambas manos a la boca emitiendo un sonido de exaltación.
—¿Como es que... Tú?
—No fuí al concierto porque debía quedarme en la casa terminando una tarea para el día siguiente, recuerdo haber estáis muy enojado con mis padres tras decirme que no iría por irresponsable, "Si quieres luego de terminar puedes ir al restaurante Boonen To, Exactamente luego de acabarse el concierto nos veremos ahí". Les grite que no iría al absurdo restaurante y me encerre en el cuarto escuchando música... No me despedí de ellos, — apartó rápido de sus ojos unas lágrimas— en tanto hacía los deberes ví por directo el concierto, me sentía defraudado por que había ahorrado toda mi mesada para comprar el boleto en primera fila y acabé presenciandolo desde un ordenador... — dejó de hablar, tenía un nudo en la garganta.
—Esta bien, no tiene que contarme todo —. Lo tranquilice.
—No, necesito decírselo a alguién, es la única forma de vencer la culpa.
Era lo mismo que sentía, me castigaba por la muerte de mis padres, después de todo mi madre murió por que no logre pagar sus medicinas; y mi padre sufrió un accidente buscandome.
Charlie lo hacía porque paso sus últimos respiros enojado cuando debió aprovecharlos, tampoco se despidió por dejarse invadir del rencor.
Tomó aire volviendo a hablar.
—Cuando se acabó recibí una llamada de mi hermano menor, decía que ya se dirigían al restaurante. Colgué con rabia saliendo de la casa para ir, al menos comería una Rica hamburguesa... Nunca creí que en realidad tras doblar la esquina me encontraría con el auto familiar siendo volcado por los aires enfrente de mí, tuve espasmos viendo como se hacía un ruedo de personas a su alrededor, con el semáforo en rojo atravesé la zebra del suelo llegando; ví a mi padre estrellado contra el volante, mi madre... Tenía su cabeza completamente fuera de la ventana y un vidrio se le incrustó en el cráneo. Estaba muertos.— añadio mirándome, yo no pude sostenerle el llanto y mire hacía abajo.
—¿Tu hermano?
Le tembló la voz.
—Luchaba por respirar, busque por todos los espacios de la camioneta, como necedad suya no se colocó el cinturón de Seguridad, salió volando unos cuantos metros... La camioneta estaba totalmente destrozada, grité su nombre un vez lo ví envuelto en sangre, estaba luchando por vivir.
—No te preocupes, te vas a salvar—, le dije cuando encontré su mirada perdida.
—¿Mis Padrés? — preguntó, yo no quería mentirle, pero tampoco decirle la verdad ayudaría de mucho.
—Llamaré una ambulancia—, avise sacando el teléfono para marcar, la mano me fallaba, puse a la operadora al tanto y dijeron que en 5 minutos llegarían.
—Charlie, te amo— dijo de pronto con la voz en un susurró.
—No, por favor, no te despidas— suplicaba sosteniendo su cara con mis manos desesperadamente.
—Eres el mejor hermano de todos —, ví como cerraba los ojos dejando de respirar, la ambulancia llegó y yo me quedé con su manilla verde — me la enseño, tenía manchas Rojas por medio de las costuras—, nunca me atreví a lavarla, siento que me queda una parte de él si la dejo así, horas más tarde ví por las noticias que los paramédicos había trata de reanimarlos pero antes de llegar los monitores se suspendieron en un un solo pitido abrumador.
—Conozco ese sonido— comente recordando cuando tras llegar al hospital ví como transferían al señor Jeon a un quirófano para solo minutos después su corazón detenerse, ví por el cristal como la Caja que marcaba los signos vitales dejaba las pulsaciones para convertirse en una fina línea recta.
—No te conte la verdad, por que aún tras pasados dos años no puedo superarlo—. Expresó sobandose los brazos como si tuviera frío.
—Yo también perdí a mis padres Charlie.
—Lo sé.— me dio un abrazo, correspondí ese gesto notando que nuestros corazones aún latián, pero dejamos de notarlo cuando la culpa nos hizo creer que también habiamos muerto.
Seguía habiendo oxígeno por nuestras venas, más el rencor nos asfixió manejando nuestra razón y confiamos que igual a ellos también se detuvo.
—Nunca sabes cuando puede ser la última vez que los veras.
Asentí.










Comentarios